Las jefaturas millennials: un fenómeno silencioso
El problema de liderar hospitales públicos en un sistema que no fue diseñado para ellos.
Francisco Espinoza
En los hospitales públicos de Chile está ocurriendo un fenómeno silencioso, pero decisivo: la llegada de jefaturas millennials a cargos de liderazgo intermedio y estratégico. Profesionales altamente formados, con vocación pública, manejo técnico y sensibilidad social, que hoy enfrentan un sistema que no fue diseñado para la forma en que entienden el trabajo, el liderazgo ni el poder.
La generación millennial descrita por autores como Twenge y Howe & Strauss valora el sentido del trabajo, la colaboración, el feedback continuo y el equilibrio vida–trabajo. Sin embargo, el modelo hospitalario público sigue anclado en lógicas jerárquicas, normativas rígidas y culturas organizacionales donde el control prima por sobre la confianza. El choque es inevitable.
Estas jefaturas no sólo gestionan equipos clínicos y administrativos; también cargan con la tensión de ser “puentes generacionales”. Deben responder a direcciones presionadas por indicadores, cumplir marcos normativos exigentes y, al mismo tiempo, sostener equipos agotados, precarizados y emocionalmente sobreexpuestos. La literatura sobre emotional labor (Hochschild) y burnout organizacional muestra que esta doble exigencia, sin soporte institucional, termina pasando la cuenta.
Paradójicamente, el sistema les exige innovación, liderazgo cercano y gestión del cambio, pero no siempre les entrega autonomía real, formación en liderazgo ni espacios de cuidado. Se espera que transformen culturas, sin tocar las reglas del juego. Como plantea Kotter, no hay cambio posible sin estructuras que lo sostengan.
El riesgo es claro: jefaturas jóvenes frustradas, liderazgo defensivo o fuga de talento hacia el sector privado. Pero también hay una oportunidad histórica. Las jefaturas millennials pueden ser catalizadoras de una nueva gestión hospitalaria: más humana, más participativa y más sostenible. Para eso, el sistema debe dejar de verlas como un “relevo generacional” y comenzar a tratarlas como lo que son: un activo estratégico.
Liderar en salud pública hoy no es sólo saber de gestión. Es resistir, traducir mundos y no perder el sentido. Y eso, en Chile, sigue siendo un desafío mayor.
